La precariedad del albañil

7 November, 2007

Empezó trabajando después de terminar una carrera en la que aprendió cuales eran los mejores ladrillos, el mejor cemento y la mejor técnica de construcción. Algunos de sus compañeros ni tan sólo pudieron estudiar. Otros estudiaron para jardineros, futbolistas o nada. Dío igual. En la obra no se utiliza ni el mejor material ni las mejores herramientas. Su trabajo se corresponde con el de un oficial, pero su empresa le paga como aprendiz. Cada día hace de dos a tres horas de más. Las horas extras las dejó de cobrar, son un regalo para la empresa. A veces incluso hace de jefe porqué debe lidiar con los proveedores que se niegan a dar más material porqué no cobran o atiende las reclamaciones de los clientes a pie de obra porqué nadie se quiere responsabilizar. Otras veces instala material defectuoso aunque sepa que no es lo que dice la memoria de acabados, ni su propia ética. Al principio puso los azulejos de un piso, pero ha acabado reparando grietas, colocando los lavabos o instalando las luces. Nunca tiene tiempo de aplicarse en lo que aprendió. Su empresa vende la mejor calidad, él es consciente que sólo hace chapuzas. A veces aparece el primo del jefe –un maestro, un médico o un político, da igual– metido a albañil en horas libres. Pinta una pared y pone su firma a toda la obra. El lunes se celebró Jornada Europea de Movilización contra la precariedad laboral de los periodistas. Suena bien, pero pasó desapercibida para la mitad –o más–. Los mismos que están en precario.

Vía: Daniel Basteiro

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4 Respuestas a “La precariedad del albañil”

  1. Laura dice:

    Y cada vez será peor, porque todo el mundo se ve capacitado para hacer un artículo, un blog o dar su opinión, sin necesidad de contrastar ni trabajarse la noticia. Si para los grandes periódicos el mundo digital ya es todo un misterio (hay quien vaticina que en 15 años no existirá el periódico en papel), para las pequeñas y medianas empresas, donde trabajan la mayor parte de los periodistas, será muy difícil adaptarse y sobrevivir a esos cambios.

  2. Jesús Badenes dice:

    Laura, yo no soy tan pesimista sobre el futuro. Creo que con la incorporación de las nuevas tecnologías cada vez será más fácil reducir el intrusismo en los diarios pequeños y medianos, aunque no en las ediciones impresas. También soy optimista respecto ala introducción del teletrabajo y de la mejora de los horarios laborales con una mayor flexibilidad y una menor presencia en las redacciones. Otra cosa bien diferente es el papel de los blogs, que no se pueden contemplar tanto como competencia de los periódicos, si no de las secciones de los periódicos. Los blogs tienen una cierta tendencia la especificidad que permite conocer mucho de un determinado aspecto y nada de los otros. Pero seguirá siendo el lector quién elija y seguirá buscando el mejor medio para informarse. Aún así, debemos seguir denunciando la precariedad en el trabajo. Todo esto me hubiera dado para otro post! ;)

  3. Eduard Batlle dice:

    Moltes gràcies per l’enllaç Jesús. Generat el retorn.
    Sort!

    Eduard

  4. Jose. También conocido como Lakers. dice:

    Yo discrepo con Laura respecto a lo de los blogs, no son tanto una opción informativa, aunque sí comunicativa. No es lo mismo. De lo de las pequeñas y medianas empresas también pienso que el futuro dará mejores opciones a los que queden. Además, la información local es un producto que no es competencia directa de los grandes grupos mediáticos, siempre quedará espacio, y la flexibilidad de medios lo que hace es que para subsistir no será necesaria una gran infraestructura, sino sólo trabajar bien.

    Lo de la precariedad es otra cosa.Definitivamente, los que nos dediquemos a esto no vamos a ganar dinero más que para vivir, y a duras penas. Quizá por eso un gran porcentaje de periodistas de medios pequeños (que es lo que yo conozco, en los grandes no lo sé) son menores de 40 años, porque acaban perdiendo ese amor por la vocación y prefieren menos sacrificio y más rendimiento económico de su tiempo.

    Yo creo que el problema que tenemos con la precariedad, efectivamente, no es solo nuestro. Afecta a muchos otros sectores, es un problema “macro”, y lo que debe hacerse es potenciar una mejor defensa de los derechos de los trabajadores, que podemos hacer efectivo lo que ya consta en el papel. Pienso, por ejemplo, que el tema de las horas extras es clave. No puede ser que tantísima gente, y no sólo en nuestra profesión, regalemos tantas horas. La riqueza que generamos es para los empresarios, a costa de nuestras familias y aficiones. Y no hay vocación que compense eso.

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