Obama y el periodismo 14 January, 2010

Las navidades de 2008 me regalaron el libro «La audacia de la esperanza» de Barack Obama. Un resfriado de los míos me ha permitido retomar su lectura de manera seria. Ayer me encontré esta reflexión sobre el mundo de la comunicación en Washington:
«…incluso entre los periodistas más escrupulosos, la objetividad significa publicar los argumentos de ambas partes sin manifestar ninguna perspectiva sobre qué parte puede tener razón. Una típica noticia diría: “La Casa Blanca ha anunciado hoy que a pesar de la última ronda de bajadas de impuestos, se prevé reducir el déficit a la mitad para el año 2010.” Este titular iría seguido de una cita de un liberal que atacaría las cifras de la Casa Blanca y de un conservador que defendería. ¿Es un analista más creíble que el otro? ¿Hay en alguna parte un analista independiente que nos pueda aclarar lo que significan las cifras? ¿Quién lo sabe? Pocas veces el periodista tiene tiempo para todos estos detalles. La noticia no va realmente de los méritos de los recortes de impuestos, ni de los peligros del déficit, si no sobre la disputa entre ambos partidos. Después de unos cuantos párrafos, el lector concluye que los republicanos y los demócratas están sencillamente peleándose otra vez, y pasa a la página de deportes, donde las noticias son menos previsibles y el marcador te deja claro quién ganó.»
¿No os parece que es un diagnóstico por una enfermedad general del periodismo?
Etiquetas: Barack Obama, Estados Unidos, Obama, periodismo, president, Washington
Posteado en Os invito a reflexionar | Comentarios (1)
January 14th, 2010 a las 8:54 am
Por supuesto. En este fragmento se destacan dos de los grandes males del periodismo, uno de ellos interno y el otro externo -pero, en parte, reponsabilidad nuestra también-.
El primero, el interno, es el de la inmediatez supina que impera en los medios de comunicación y que, como todos sabemos, deviene no sólo en la superficialidad en el tratamiento de los temas, sino también en el desecho de muchas informaciones y temas, así como, sobre todo, en la dejadez en el seguimiento de estos temas, que se cubren, a lo sumo, durante un par de días, y luego se olvidan.
En segundo lugar tenemos un problema que es de percepción de la ciudadanía hacia el periodismo, aunque los periodistas nos hemos encargado de fomentarlo indebidamente. Se trata del mito del objetivismo. Un periodista, se ponga como se ponga cualquier persona -profesional o ciudadano-, y escueza o no, NUNCA es objetivo. ¿Acaso una persona, por el mero hecho de ser periodista, se convierte en objeto? De ninguna manera. Sigue siendo un sujeto y, por tanto, es subjetivo -lo cual no quiere decir que se mienta, porque se puede ser subjetivo y honesto a la vez, y ése es el objetivo, valga la redundancia, de todo periodista, el ser honesto-. Y de ese subjetivismo tiene que nacer el verdadero periodismo, el que reclama Obama: el del análisis, el de la interpretación, el de la profundidad. Hemos de buscarlo, pues, de no hacerlo, acabaremos convirtiéndonos en máquinas de recopilar cifras, anotar citas de forma mecánica y copiar y pegar teletipos asépticos sin información relevante. Quizá en eso consista el periodismo objetivo: en ser un mero objeto que no se cuestiona cosa alguna.
Un saludo.